Antes de la fábrica: mujeres y oficios textiles en Medellín

Antes de que las grandes fábricas transformaran Medellín, la costura ya conectaba hogares, talleres y comercios. Este primer capítulo recupera los oficios textiles de las mujeres y abre una historia sobre trabajo, autonomía y memoria

HISTORIA TEXTIL DE MEDELLÍN

Alveiro Ughetty

9/26/20263 min read

Modistas trabajan en un taller de confección en Medellín.
Modistas trabajan en un taller de confección en Medellín.

Medellín · Memoria textil · Capítulo 1

Un oficio que también era sustento

La costura podía hacerse en casa o en talleres, para uso familiar o para otras personas. En ambos casos, el trabajo femenino enlazaba la vida del hogar con el intercambio económico de la ciudad. Algunas mujeres aportaban ingresos con encargos y arreglos; otras combinaban esas labores con las responsabilidades cotidianas de cuidado.

Esta frontera entre trabajo doméstico y trabajo remunerado no siempre era nítida. Una jornada podía incluir tareas para la familia y, a la vez, prendas para clientes o intermediarios. Reconocer esa mezcla ayuda a entender por qué una parte importante del trabajo de las mujeres resulta difícil de medir en los registros económicos: no todo oficio tenía un salario visible ni aparecía en las estadísticas de la época.

Modistas de Medellín. Fotografía atribuida a Gabriel Carvajal.

La historia de la industria también se construyó en gestos repetidos: cortar, coser, ajustar y enseñar a otra persona a hacerlo.

Antes de la fábrica: mujeres y oficios textiles en Medellín

Para contar la historia textil de Medellín solemos mirar hacia las fábricas: sus edificios, sus máquinas y las empresas que crecieron con la ciudad. Pero la relación con las telas empezó también en espacios menos visibles. En habitaciones familiares y pequeños talleres, coser, remendar y confeccionar prendas formaba parte del trabajo diario y de la economía doméstica.

La aguja acompañaba necesidades concretas: ajustar una falda, reparar una camisa, preparar ropa para la familia o elaborar piezas por encargo. Eran labores que exigían destreza y tiempo. Con frecuencia se aprendían dentro de la familia, observando y practicando junto a otras mujeres. Ese conocimiento pasaba de una generación a otra, aunque pocas veces quedara registrado con nombre propio.

Mucho antes de que los telares industriales transformaran el paisaje de la ciudad, el hilo ya recorría las casas, los talleres y las calles.

En esa historia, las mujeres no fueron un detalle al margen: aprendieron, enseñaron y sostuvieron oficios que dieron forma a la vida cotidiana.

Instalaciones industriales de Coltejer en Itagüí. Fotografía atribuida a Gabriel Carvajal

Las mujeres en el centro del relato

Al comenzar el siglo XX, Medellín vivió cambios que ampliaron la producción fabril. La apertura de establecimientos como la Fábrica de Hilados y Tejidos de Bello, en 1904, y Coltejer, en 1907, suele marcar hitos de esa transformación. La fábrica introdujo nuevas escalas de producción y nuevas formas de organizar el trabajo; no borró, sin embargo, los oficios que ya existían en casas y talleres.

Las trayectorias de la costura y de la industria se cruzaron. La disponibilidad de telas, la circulación de prendas y el crecimiento urbano abrieron otras posibilidades de trabajo y consumo. Para las mujeres, el ingreso a espacios fabriles podía significar un salario y una experiencia laboral distinta, pero también estaba atravesado por jerarquías, condiciones exigentes y expectativas sociales sobre lo que se consideraba trabajo apropiado para ellas.

Por eso conviene evitar una historia contada únicamente desde las máquinas o desde los nombres de las empresas. También importa preguntar quién preparaba las prendas, quién transmitía las técnicas, cómo se distribuían los ingresos y qué lugar ocupaban estas trabajadoras en sus familias y comunidades

Mirar el pasado desde las mujeres no consiste en añadir una sección al final: cambia las preguntas de toda la historia. Permite reconocer conocimientos que se daban por sentados, labores que quedaban sin remuneración y decisiones cotidianas que sostenían hogares y redes de trabajo. También invita a recuperar voces y experiencias concretas, sin reducir a todas las mujeres a una sola historia.

En los próximos capítulos seguiremos ese recorrido: desde los oficios de la aguja y el trabajo fabril hasta las transformaciones sociales que acompañaron el crecimiento textil de Medellín. La memoria de esta industria vive en los archivos y las fotografías, pero también en los relatos familiares y en las prácticas que todavía pasan de unas manos a otras.

De los saberes del taller a la ciudad industrial

Vista de Coltefábrica en Medellín, empresa filial de Coltejer

Ubicación

Medellin - Colombia

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